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La cara B de la conectividad: ¿Qué pasa cuando el Wi-Fi no es suficiente?

Hablemos de algo que damos por sentado hasta que falla: la conectividad. No me refiero solo al Wi-Fi para que la gente suba sus historias a Instagram. Estoy hablando de la columna vertebral de tu operación, la que permite que los accesos funcionen, las acreditaciones se procesen, el staff se comunique y, en definitiva, que tu evento no se caiga a pedazos.

Pensamos en eventos como grandes shows o conferencias, pero detrás de cámaras, hay una orquesta tecnológica compleja. Y uno de los instrumentos más delicados es la red. ¿Qué pasa cuando el Wi-Fi o la red cableada principal de un predio no son suficientes o, peor aún, fallan? Ahí es donde entra en juego la estrategia de redundancia de red.

Más allá del Wi-Fi: La necesidad de un Plan B

Imaginemos un festival o una convención corporativa. Tenés miles de personas llegando, escaneando entradas, acreditándose, comprando en barras, o interactuando en activaciones. Todo eso depende de una conexión a internet estable y robusta. Si esa conexión flaquea o desaparece, el efecto dominó puede ser catastrófico: filas interminables, staff desorientado, datos perdidos y una experiencia frustrante para todos.

La mayoría de los venues ofrecen Wi-Fi, y muchos tienen infraestructura de red cableada. Pero, ¿es suficiente para las demandas específicas de un evento masivo o con puntos críticos de operación? A menudo, no. O al menos, no sin un respaldo.

El caso de la redundancia: Shell y el Face ID

Tuvimos un desafío muy particular con Shell en una de sus operaciones corporativas. El requisito era implementar un sistema de reconocimiento facial (Face ID) para el acceso de sus 1.500 invitados. Esto suena de vanguardia, y lo es, pero también trae una exigencia altísima de conectividad. Cada registro y cada acceso debía ser instantáneo para evitar cuellos de botella y garantizar una experiencia fluida y exclusiva.

El Face ID es una tecnología que consume ancho de banda y requiere una latencia mínima. No podíamos depender de una única fuente de internet, por muy buena que fuera. ¿Qué hicimos? Desarrollamos una estrategia de triple redundancia:

  1. Red cableada principal: Siempre es la opción más estable y la base de cualquier buena infraestructura. La instalamos y la probamos a fondo.
  2. Red Wi-Fi dedicada: Aunque la red principal es cableada, siempre tenemos Wi-Fi como apoyo para dispositivos móviles o puntos donde el cableado es inviable. Pero no cualquier Wi-Fi, sino una red dedicada al evento, con equipos de alta capacidad.
  3. Módem 4G/5G de respaldo: Aquí es donde entra el "Plan B" robusto. Ante cualquier interrupción de las redes fijas, el sistema debía conmutar automáticamente a módems 4G/5G. No uno, sino varios, distribuidos estratégicamente y con capacidad suficiente para soportar la carga crítica de los accesos.

La implementación fue meticulosa. Probamos cada escenario de falla: desconectar el cable principal, apagar el Wi-Fi, simular caídas de señal. El objetivo era que la transición fuera imperceptible para el usuario y, lo más importante, que la operación de Face ID nunca se detuviera.

El resultado fue un éxito rotundo. Los 1.500 invitados accedieron sin problemas, y el sistema de Face ID funcionó de maravilla, demostrando que la inversión en redundancia no es un lujo, sino una necesidad cuando la conectividad es crítica para tu operación.

Pensando en el futuro: ¿Por qué esto es clave para tu marca?

Como directores de marketing, procurement o agencias que producen eventos, pensar en la conectividad va más allá de un ítem en la lista. Es la garantía de que la experiencia que diseñaron para su público se concrete sin fricciones. Es la tranquilidad de que una inversión en tecnología de accesos, acreditaciones o cashless no se frustre por una falla de red.

En SOMOS DER, hemos gestionado más de 150.000 asistentes y realizado más de 100 operaciones en 6 países. Desde los 30.000 accesos de Abel Pintos en 30 fechas, hasta los 120.000 de Buenos Aires Trap, o eventos corporativos con requerimientos técnicos muy específicos como el de Shell, cada uno nos enseña que anticipar los desafíos de conectividad es tan importante como el espectáculo mismo.

Cuando pienses en tu próximo evento, preguntate: ¿Mi plan de conectividad tiene un Plan B, un Plan C? Porque cuando hablamos de la cara B de la conectividad, estamos hablando de la tranquilidad de que tu evento, y la experiencia de tu marca, siempre estén en línea.

¿Tenés un evento? Hablemos.

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